Contabilidad
No tienes que saber qué cuenta se carga y cuál se abona. Facturas, y el asiento sale detrás, cuadrado. Si tu contador quiere revisar o corregir algo, entra y lo hace — con su rastro, sin borrar nada.
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Tienes trabajadores, puede que más de un local, y una contabilidad que alguien tiene que llevar de verdad. El problema deja de ser registrar: pasa a ser que lo que cada uno registra cuadre, y que se sepa quién hizo qué.
Cada sucursal con su almacén y su caja, traspasos entre ellas con control de lo que va en camino, y una sola contabilidad para el conjunto.
El que factura no tiene por qué poder anular. Perfiles por puesto, alcance por sucursal, y registro de quién hizo cada operación sensible.
Cada operación genera su asiento cuando ocurre. Tu contador revisa y corrige con su rastro, en vez de teclear de cero.
Costo por capas, existencia física frente a disponible, conteos con su ajuste y su motivo. Las diferencias se ven y se explican.
No tienes que saber qué cuenta se carga y cuál se abona. Facturas, y el asiento sale detrás, cuadrado. Si tu contador quiere revisar o corregir algo, entra y lo hace — con su rastro, sin borrar nada.
ABACO lleva el costo por capas: cada entrada guarda a qué precio llegó, y cada salida consume las capas en orden. Por eso el costo de lo que vendiste es el costo real de esas unidades, no un promedio que suaviza las subidas y te hace creer que ganas más de lo que ganas.
El pedido dice lo que encargaste. La recepción dice lo que llegó de verdad — que casi nunca es lo mismo. La factura dice lo que te cobran. El pago dice lo que ya saliste de deber. ABACO lleva los cuatro momentos, y por eso puede decirte que recibiste mercancía que todavía no te han facturado, o que pagaste algo que no llegó completo.
Una cotización no compromete nada. Una factura sí, y es lo que el cliente te debe. Una entrega saca la mercancía del almacén. Un cobro es dinero que entró. ABACO los lleva por separado porque son cuatro cosas distintas, y mezclarlas es cómo se acaba con un inventario que no cuadra y un cliente al que se le reclama algo que ya pagó.
Un negocio con tres puntos de venta no son tres negocios. Cada sucursal ve lo suyo, y la dirección ve el conjunto.
El que factura no tiene por qué poder anular. El contador entra a lo suyo y no a la caja. Y todo lo que se hace queda registrado con su autor y su hora.
No hace falta que tus cuentas estén ordenadas para empezar: ABACO arranca con tus existencias y tus saldos actuales, tal como están.